tienda nana
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tienda nana
Palermo I Ciudad de Buenos Aires
2020
ph: Daniela Mac Adden

La intervención de un local en la planta baja de una casa antigua en Palermo prueba una vez más la fina sintonía entre la firma Muradas y la etiqueta de diseño Nana.

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Una extensa relación profesional y de amistad une a las clientas con Jorge Muradas, autor de sus dos locales anteriores y también de las casas en el suburbio y en el campo de una de las socias. La visión del diseño de ambos equipos está en completa sintonía. La estética sobria, elegante y de líneas netas, la paleta de colores neutros, la calidad como hilo conductor caracteriza a las prendas de Nana y también todo lo que porta el sello Muradas. En cada participación del Estudio en Casa FOA la marca fue convocada para que los uniformes de las cuidadoras del espacio o la ropa colgada en vestidores o placares tuvieran su impronta. La identificación con la propuesta mutua salta a la vista.


 


Por eso acordar en los lineamientos para convertir la planta baja de una casa antigua en el barrio de Palermo, muy cerca del viejo zoológico, en la nueva sede de la marca de indumentaria, fue simple. Como siempre que el Estudio interviene sobre propiedades de estilo francés, decidió conservar y destacar los elementos clásicos integrándolos a un clima contemporáneo. La amplia planta fue adaptada para su nuevo funcionamiento como local integrando los distintos espacios a la zona de exhibición. Hacia el frente, la única ventana se convirtió en vidriera y puerta de entrada. Se recuperaron los pisos de roble de Eslavonia. Se unificó la caja pintándola íntegramente de blanco, incluidas las molduras y toda la carpintería de madera. La monocromía apenas si es interrumpida por algunas apariciones del negro –en los estantes estratégicamente situados en algunos puntos focales y la carpintería metálica–.Y por el color del roble, en consonancia con el bronce empleado para los percheros y las cortinas de los probadores hechas al tono. Blanco, negro y sutiles variantes de la gama de los bronces se ajustan con precisión a la propuesta cromática de la marca.


 


Hacia el centro de manzana el local remata en un patio al que se dio el mismo tratamiento minimalista del conjunto: piso de microcemento en un tono arena muy neutro, carpintería y toldo negro, plantas y el gran beneficio de una fuente de luz natural.


 


Para la zona de atención se diseñó un módulo rectangular con frente de tablitas de madera, alzada en mármol y puntas suavizadas, circulares. Una mesa colocada en el centro de uno de los espacios emplea el mismo mármol. Un sillón de líneas retro, un par de silloncitos de sea-grass de Acento y una serie de luces suspendidas rematan la ambientación. Un marco sumamente depurado que logra con el cometido de destacar el producto.


 


 

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